El milagro de Pinochet.

Ayer falleció el exdictador chileno Augusto Pinochet y se han escuchado frases de todo tipo en relación a este personaje, uno de los más siniestros de la Historia de América, aunque no -desgraciadamente- el único y tampoco el último.
La mayoría de las opiniones están en la línea de la alegría que supone saber que este individuo ya no está entre nosotros y la lástima que produce observar que se ha escapado de las manos de la Justicia, bien por lentitud de la misma (de la chilena especialmente) o bien por el contubernio en el que hace unos años participaron Blair, su ministro Straw, Frey y (fíjense quien andaba ya ahí metido dando sus primeros pasos como "gran líder internacional") Aznar. También se han escuchado voces alegando que el golpe militar de 1973 en Chile propició un arreglo de la caótica situación económica chilena y un avance sin igual de este país que les permite encaramarse sin tapujos al nivel de potencia económica mundial.
En realidad Chile nunca ha sido (ni lo va a ser ahora) una gran economía mundial, así que este argumento es cuando menos discutible y ese presunto bienestar económico debe analizarse desde varias perspectivas, entre las que no cabe olvidar que puede formar parte el apoyo empresarial a los golpistas (hoy estaba el presidente de los empresarios en el entierro) y el alto nivel de explotación de la clase obrera chilena durante más de dos décadas, sin libertades sindicales ni políticas. Así tampoco es difícil mejorar los resultados empresariales, ténganlo claro. Querer excusar los asesinatos, torturas y desapariciones por logros económicos (como ayer dijo Manuel Fraga en los micrófonos de Cuatro) es cuando menos engañoso y digno de fascistas (que en España también son de centro recuerden).
Pero realmente quería comentar dos cosas más, la primera es que alegrarse de la muerte de alguien es algo que no debe formar parte de las personas de bien, otra cosa es sentir alivio porque algún energúmeno/energúmena ya no pueda volver a cometer barbaridades. La segunda es que me hace gracia escuchar y leer a gente presuntamente progresista y casi atea decir que "si existe el infierno, que allí se pudra" o "se encuentra con Franco en el limbo de los dictadores porque no lo quieren en el infierno". Conseguir que estos presuntos ateos recuerden lo que aprendieron en sus años católico sí que me parece el verdadero milagro de este individuo, que ahora descansa en paz, y mientras nosotros vivimos más en Paz sin él.


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